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Pedro Gómez, Director Senior de Cadena de Suministro de Estée Lauder México, asume esta responsabilidad.

Alejandro Desfassiaux

Lic. Alejandro Desfassiaux.

No nos podemos acostumbrar a que la seguridad pública se descomponga cada vez más rápido, a que tengamos 152 alcaldes asesinados de 2006 a la fecha, 126 agresiones a militares en lo que va del año, 92 choferes secuestrados por parte de “normalistas”, a que continuemos brindando apoyo a la CNTE a pesar de sus actos vandálicos de siempre, al incremento del derecho de piso de hasta 500,000 pesos a la semana a algunos comercios; al lamentable homicidio de 13 policías en Michoacán por parte del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), de otras 13 personas en el fallido operativo de Culiacán y más recientemente a la tragedia sucedida a la familia LeBarón.

Al mismo tiempo que crece la vulnerabilidad de la ciudadanía, se está relajando la capacidad de asombro. Es momento de que las autoridades apliquen mano dura para actuar en contra de criminales y desarrollen una estrategia de largo plazo en materia de seguridad pública.

Al menos en la CDMX parece que ya tenemos esa mano dura. A pesar de que fueron liberadas prácticamente todas las personas detenidas acusadas de pertenecer al Cártel La Unión Tepito, el operativo realizado hace unas semanas por Omar García Harfuch, nuevo Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, fue muy acertado, oportuno y sincronizado, y habla por sí solo de su experiencia y capacidad.

Terminar con el flagelo de la inseguridad no se vislumbra fácil ni pronto en el horizonte. Es por eso que he insistido metódicamente en que debe extirparse para siempre el cáncer que representan para nuestra sociedad las Policías estatales y municipales. Y la vía natural para hacerlo es extender paulatinamente a la Guardia Nacional por todo lo ancho y largo del territorio nacional, a fin de ir sustituyendo a todos estos pésimos elementos policiacos.

Por lo pronto, es muy im­portante que todos los mandos de las Po­licías es­tatales y municipales dependan de un Colegio Na­cional de Mandos de la Guardia Na­cional. Esta institución deberá estar estructurada bajo un esquema de protocolos con premios, ascensos y beneficios económicos, basado en el desempeño de sus funciones y en los resultados que den en términos de seguridad pública.

La Guardia Nacional deberá implementar también un programa de costo-beneficio que mida cuánto nos está costando la seguridad pública en cada estado y municipio, y cuál es el retorno de inversión; es decir, qué tanto se están dismi­nuyendo los delitos y cuánto se re­ducen los costos de la ciudadanía para comba­tirlos, para que, de una vez por todas, el manejo de la seguridad estatal y municipal deje de ser una moneda de cambio político y ya no dependa de los caprichos de gobernadores ni de presidentes municipales. México carece de una pro­puesta transexenal que esté blin­dada contra los intereses de los presidentes, gobernadores y políticos en general, así como de las luchas partidistas.

Las autoridades federales deben aprovechar que MORENA tiene mayoría en el Congreso para que la Guardia Nacional sea transexenal, de tal manera que ya no dependa de actores políticos y sea un organismo de desarrollo profesio­nal para sus integrantes; y así no se convierta en una ocurrencia de cada nueva ad­ministración eliminar a los cuerpos policiacos creados para formar otros nuevos. Por otro lado, deben lograr, a través de la mayoría legislativa, que la Guardia Nacional no sea solamente un cuerpo de apoyo ante el problema de la inseguridad, sino por el contrario, que sea la única responsable a nivel nacional de la seguridad pública, ya que solo así vamos a poder terminar con más de 36 años de un mal manejo en este rubro y con el aumento incesante de la criminalidad en el país.

TyT