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Sangre joven transforma al sector autotransporte

odos los días escuchamos que el mundo está cambiando. Lo que hasta hace algunos años eran preceptos incuestionables, hoy pueden resultar obsoletos. Las tecnologías de la información y las comunicaciones avanzan tan vertiginosamente, que han logrado modificar el comportamiento de los consumidores. El mejor ejemplo es la industria de la producción de contenidos a través de streaming —con plataformas como Netflix—, que ha desplazado rápidamente a la televisión tradicional.

Lo mismo sucede con los hábitos de compra: hasta hace unos años, el comercio electrónico no se veía como una fuerte amenaza para las grandes cadenas de almacenes y tiendas físicas. Hoy en día, más personas realizan compras en línea, en buena parte por la facilidad de acceso, pero sobre todo, porque los tiempos de entrega cada vez son sorprendentemente más cortos. La logística y el transporte juegan un rol dominante en este terreno.

Esta transformación del mundo y los negocios tiene como protagonista a una nueva generación de empresarios que, a pesar de su corta edad, ven en los retos oportunidades y entienden que actualmente la única constante es el cambio. El sector autotransporte es un buen ejemplo de esto, pues las segundas y terceras generaciones de transportistas cada vez destacan más por su profesionalización. Entienden claramente el valor de analizar y medir sus operaciones, así como cuestionar el statu quo. Aprecian la capacitación y preparación formal como una herramienta clave para         ma­ximizar la rentabilidad de sus empresas.

Asimismo, saben que el valor de sus negocios está fincado en el factor humano, ya se trate de operadores, personal técnico o administrativo. Comprenden que más allá de transportar mercancías, ponen a rodar los 365 días del año a nuestro país, razón por la que no se asumen como camioneros, sino como empresarios que realizan una función vital para la sociedad.

Por éstas y muchas otras razones, en TyT presentamos este mes la historia de ocho jóvenes que han destacado por su compromiso con el sector, profesionalismo y tenacidad para sobresalir en un entorno altamente competitivo. En todos los casos, cuentan con un legado familiar admirable, el cual siguen aumentando y respetando. Y eso sí, a la vez construyendo su propia historia. Nacieron en medio de pequeños camiones a escala y grandes monstruos del asfalto, por lo que todos ellos nos retan a comprobar que, en sus análisis de sangre, dan positivo en diesel.

No le tienen miedo a probar nuevas tecnologías de motores, de seguridad y de diagnóstico remoto, toda vez que nacieron con los bits y bytes de los que hoy estamos inundados. Es más, varios de ellos tienen en un teléfono celular a su mejor aliado para servir a sus clientes y conocer la rentabilidad de sus flotas.

El cielo es el límite, es lo que con mucho ímpetu nos revelaron. Eso sí, la disciplina, tenacidad y seriedad en sus decisiones nos dejan ver que su piel ya está bien curtida de todos los pormenores del sector. Por más vitalidad que tengan, no son ajenos a los grandes males que hoy aquejan al sector, como el robo al autotransporte, situación que los mantiene con varias noches de insomnio.

Estos ocho jóvenes son solo una buena muestra de la fortaleza del autotransporte en nuestro país, con bases familiares sólidas que hoy, además de entender claramente el sector, están listos para enfrentar los retos que las cadenas productivas, comportamientos del consumidor y entes reguladores les impongan.

Equipo editorial.