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El autotransporte de carga: motor económico de las urbes

Existen férreos detractores de la circulación de vehículos pesados de carga en las ciudades, algunos de ellos con el estandarte del cuidado al medio ambiente; otros, por la seguridad vial, y también hay quienes los satanizan por estorbosos y ser causantes de embotellamientos. Lo que estos grupos no consideran en su diagnóstico, es que para la subsistencia de las personas que habitan las ciudades, se requieren mercancías tanto generales como artículos de primera necesidad que deben distribuirse a través del autotransporte.

Y se dice fácil, pero los números son muy claros: por ejemplo, en la Ciudad de México viven más de 8.8 millones de personas y, si consideramos la Zona Metro­po­litana del Valle de México, esta cifra supera los 22 millones; en la Zona Metropolitana de Guadalajara habitan más de cinco millones y, en la Zona Metropolitana de Monterrey, 4.6 millones, tres ejemplos emblemáticos en nuestro país. Abastecer de mer­cancías a este número de ciudadanos no es tarea sencilla.

Es más, en el hipotético caso de “un día sin camiones de carga por las ciudades” seguiría habiendo contaminación, accidentes y caos vial, ya que lo que hace falta es privilegiar políticas públicas que incentiven un transporte público seguro, eficiente y limpio; una mejor cultura y educación de todos los que transitamos por las vías de comunicación que promueva la seguridad vial, e infraestructura que permita una eficaz distribución de mercancías. Eso sí, la potencial crisis de desabasto sería inminente en solo unas horas.

Los camiones que vemos circulando por las ciudades no lo hacen por gusto, transitan por diversos puntos de las metrópolis para llevar los productos a centros de consumo —tanto grandes tiendas de autoservicio como pequeñas misceláneas en todas las colonias—, desde un refresco hasta medicamentos, pasando por una amplia gama de mercancías que son vitales para la sociedad.

Asimismo, existen centros de producción en las ciudades que alguna vez estuvieron en la periferia, pero debido a su crecimiento exponencial y a la vez errático, hoy conviven con áreas urbanas sobrepobladas. La consecuencia es entonces la enorme dificultad para la llegada de materias primas y la salida de mercancías de estos lugares.

La mayoría de los transportistas y generadores de carga que realizan la distribución de última milla, han tenido que ajustar sus modelos logísticos de tal manera que puedan cumplir con el abasto de mercancías que requieren los ciudadanos y, a la vez, enfrentar el caos vial y la falta de infraestructura para circular, así como para carga y descarga.

Esta complejidad entre los intereses de unos y de otros, necesita políticas públicas claras que permitan una sana convivencia y, al mismo tiempo, promuevan el bienestar y seguridad de los ciudadanos. Es por ello que nos sumamos al claro mensaje de la Asociación Nacional de Transporte Privado, que destaca la importancia de regular en lugar de restringir el autotransporte en las ciudades, conclusión contundente del XIX Foro Nacional del Transporte de Mercancías organizado por dicha agrupación con gran éxito.

Equipo editorial.