El desabasto de combustibles en algunas regiones del país y la dependencia de la importación, han puesto en evidencia las carencias del sector energético en México.

Mayra Pérez Cerón

Expertos y empresarios gasolineros coinciden en que la nación no cuenta con la infraestructura necesaria para llevar a cabo la liberación de precios −que arranca este año−, debido a que la única red de distribución y almacenamiento con la que se cuenta es la que ha construido Pemex a lo largo de su historia.

Se requieren grandes esfuerzos pa­ra garantizar los suministros de los energéticos y sus derivados, sobre todo en la parte sur, sureste y aun en las regiones industriales que se desarrollan en el centro, en el Bajío y en el noroeste de la República.

Estas zonas necesitan inversiones importantes para garantizar un abasto rápido y económico que llegue a las comunidades que más lo requieren.

Las compras de gasolina y diesel en el exterior alcanzaron el 61% del consumo nacional.

Dependencia energética

El sector energético en México se ha visto como un mecanismo de financiamiento del Gobierno, lo que lo mantiene supeditado a las necesidades de las administraciones federales y ha relegado la construcción de una cadena de petroquímica sólida, que es lo que garantiza precios accesibles en los hidrocarburos.

Esta ausencia de planeación estratégica disminuyó la inversión en infraestructura e investigación en las últimas décadas, lo que ha dado como resultado la falta de combustibles y su encarecimiento en un país que dispone del recurso energético, pero que depende de la inversión y tecnología externas.

De las 6 refinerías que tiene Pemex, 5 registraron caídas en 2016 de entre 10 y 36 % en su producción.

Dentro de 30 años, las importaciones de combustibles que realice México serán mayores para abastecer a un mercado que en 2016 requirió 885,000 barriles diarios.

En 1999, el país contaba con 58,000 millones de barriles de reserva, pero para 2015 solo disponía de 37,000 millones, lo que repercute en el abasto confiable de hidrocarburos.

En los últimos 13 años, el país incrementó aceleradamente la demanda de combustibles y pasó del octavo al cuarto lugar como consumidor global, de acuerdo con la Secretaría de Energía (SENER).

De ahí la importancia de desarrollar tecnología propia, pues uno de los elementos que encarece a los combustibles es la dependencia de las importaciones, que en sus precios reflejan los impactos de las volatilidades del mercado de energéticos y del tipo de cambio.

“Se necesita infraestructura propia para el tratamiento de los combustibles. Y no nada más ahorita; si el recurso del petróleo se va a volver escaso en las siguientes décadas, pues es todavía más estratégico tratar de abaratarlo”, explica José Luis De la Cruz, Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC).

México cuenta con: 99 terminales de almacenamiento y 10 residencias portuarias.

“México necesita desarrollar tecnologías no solo para la extracción, sino en realidad para el procesamiento de estos recursos, porque en las siguientes décadas -dentro de 30 años−, vamos a ser mayormente importadores y la ventaja radicará en tener procesos de refinación, de generación de derivados que tenemos que desarrollar, porque de otra manera, comprar la tecnología nos va a costar caro”.

El también Presidente de la Comisión de Estudios Económicos de la CONCAMIN, sub­raya que durante décadas los gobiernos se beneficiaron de la explotación de los recursos energéticos, pero no impulsaron una industria que trabaje en la creación de derivados, lo que convierte ahora al país en dependiente de la importación.

La red de ductos alcanza una extensión de 17,000 kilómetros.

Tan solo el año pasado, las compras de gasolina y diesel en el exterior alcanzaron el 61% del consumo nacional, al importarse 505,000 barriles diarios, de acuerdo con Indicadores Petroleros de Pemex. Se trata de un máximo histórico en la dependencia de gasolinas extranjeras, pues en 1990 apenas se adquirían del exterior 35,000 barriles diarios.

En contraste, la producción de gasolinas y diesel en el país va en descenso, al pasar de 658,000 barriles diarios en el año 2000 a 541,000 en 2016, según reportes anuales del Sistema de Información Energética de la SENER.

Un modelo a transformar

La Comisión Reguladora de Energía, órgano que promueve el desarrollo del sector, ha admitido que la infraestructura para el mercado energético es limitada y que Pemex pierde recursos, entre otras razones, porque los precios del diesel y las gasolinas no reconocen la logística de distribución.

El país cuenta, hasta ahora, con una red de ductos de 17,000 kilómetros; además, con 1,485 autotanques, 520 carrotanques y 16 buquetanques.

Expertos advierten que este modelo de transportación por pipas encarece la distribución, vuelve la logística lenta y se presta al manejo poco transparente de los energéticos.

César Pereda, Director General de Grupo Perc, empresa mexicana dedicada desde 1978 al suministro de energéticos, señala que el esquema de distribución por pipas para abastecer el reparto de estaciones de servicio, es limitado en cuanto a su capacidad y al número de productos que se transportan.

Incluso, la misma SENER advierte que este modelo es insuficiente para satisfacer las necesidades del país, por lo que se ha tenido que recurrir a los autotanques, que son 14 veces más caros que los ductos e implican pérdidas.

Para José Luis De la Cruz, ampliar la red de oleoductos es fundamental porque garantiza la dotación al usuario industrial, ya  que hay menos riesgo de interrupción y cortes, lo que es indispensable para hacer una planeación en la parte productiva. Y, a partir de eso, también hay garantía de suministro hacia los consumos domésticos.

“Los países desarrollados y los países emergentes industriales más exitosos, buscan justamente garantizar los suministros de los energéticos y sus derivados, y por ello la parte de gaseoductos y oleoductos es fundamental en esa estrategia”, señala.

Cerrar la brecha

El país requiere inversiones de entre 20,000 y 30,000 millones de dólares para generar investigación en el sector energético y cerrar las brechas respecto a la tecnología que se precisa para la explotación del crudo y la producción de sus derivados, indica De la Cruz.

Hacer una inversión oportuna es la mejor manera de tener precios competitivos y generar un crecimiento potencial en el área industrial, que es la que más depende de estos recursos, y así producir un efecto multiplicador en el resto de la economía.

Estados Unidos es el principal proveedor de combustibles. Le siguen Holanda, Arabia Saudita, Finlandia y Bahamas.

“Tener una infraestructura que normalmente te lleva desarrollar por lo menos entre 3 y 5 años, implica planeación, es decir, lo que hoy vemos como resultado de una cuestión de precios altos, de falta de combustibles, es el resultado de no haber invertido a tiempo”, afirma.

“Una inversión realizada con visión, con prospectiva, disminuye los recursos en logística, en transportación, y blinda a la economía de los vaivenes del tipo de cambio”.

Las inversiones público-privadas son una estrategia para detonar al sector energético en México.

Captar los recursos no debería ser un problema para el país, pues el sector energético es un negocio rentable.

La SENER ha informado que con la Reforma Energética se han comprometido 70,000 millones de dólares en 179 contratos con 112 empresas mexicanas y extranjeras. La mayor parte de los proyectos es de exploración y explotación de petróleo.

Entonces, la estrategia para detonar el sector energético debería enfocarse en la transparencia y eficacia del ejercicio de los recursos y en las inversiones público-privadas, sugiere De la Cruz.

La apertura del mercado de los combustibles en México obligará a que Pemex −la empresa productiva del Estado que ahora deberá compartir la riqueza petrolera− cambie sus esquemas administrativos y de planeación.

“Si cuando Pemex tenía la explotación total de los recursos no tuvo el éxito financiero ni la innovación tecnológica adecuada, si no se cambian los esquemas administrativos ni de planeación en los siguientes años, la probabilidad de éxito de Pemex queda reducida porque carga con unos enormes pasivos, sobre todo laborales y de deuda, que restringen sus finanzas”, advierte De la Cruz.

“Solo con dotar a la paraestatal de mayor eficacia y transparencia, podría garantizar éxito en un entorno más complicado y con menor disponibilidad de recursos para la empresa. Si no se hacen correcciones, el riesgo muy claro es que la propia empresa no tenga ya viabilidad y que en un momento dado pueda hasta desaparecer”.

México requiere inversiones por 30,000 MILLONES DE DÓLARES para generar investigación en el sector energético y cerrar las brechas con el resto del mundo.

TyT