Conocer las reglas fiscales a las que se enfrentan los autotransportistas les permitirá mantener una sana interacción con las autoridades, y acceder a facilidades administrativas.

Mayra Pérez Cerón

Revisión técnica: C.P.C. Álvaro Cordón

Los constantes cambios y la falta de claridad en las disposiciones fiscales tienden a generar un escenario poco propicio para que los autotransportistas puedan sentirse cómodos y establezcan una relación sana con el Servicio de Administración Tributaria.

¿Cómo contrarrestarlo? Conociendo a la perfección las obligaciones como contribuyente y retenedor.

De acuerdo con Herbert Bettinger, considerado uno de los mejores fiscalistas en el país, entre las principales dudas que rondan en el sector se encuentran: cómo dar de alta ante el SAT a una empresa de nueva creación, cómo efectuar pagos provisionales, cómo realizar la declaración anual y cuáles son las deducciones que se pueden efectuar mes a mes.

La operación legal en el sector obliga a cubrir con el Impuesto sobre el Valor Agregado (IVA) y el retenido de 4% sobre el costo del flete −con el desglose de las partidas−, asimismo el Impuesto Sobre la Renta (ISR) de arrendamientos, honorarios de independientes y sueldos. La formalidad de las empresas no solo conlleva cumplir reglas, también permite acceder a ciertos beneficios  y facilidades administrativas.

“Los que son formales aprovechan, a diario y cada mes, los beneficios fiscales que ofrece la ley. Los informales no toman ni el diesel, porque es un acreditamiento”, subraya Bettinger.

El transportista no tiene un abanico de estímulos fiscales, pero cuenta con un procedimiento especial dirigido sobre todo al consumo del diesel, su principal insumo.

No obstante, la CANACAR señala que los transportistas no están aprovechando el estímulo del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios para acreditar el combustible. “No es algo nuevo, se viene manejando hace años en la ley, pero no existía un factor de acreditamiento como tal. Si hablamos de todo el transporte que hay, solo el 40% está aprovechando el estímulo del IEPS por el desconocimiento de que existe, o no lo saben aplicar”, indica en entrevista César Moreno, asesor fiscal del organismo.

Cuando un transportista consume diesel, paga en bomba un buen porcentaje de IEPS. Cuando se está en la formalidad, lo que la ley marca es que el transportista podrá recuperar parte de su egreso a través de un estímulo que es un acreditamiento, que será recuperar parte del impuesto a pagar vía el acreditamiento o disminución del mismo a través de la mecánica establecida.

“Es decir, nosotros pagamos el diesel a 17 pesos en promedio, y cuando viene el estímulo, nos permite acreditarlo con un impuesto propio, que es el ISR. Lo que esto provoca es que no paguemos un combustible de 17 pesos, sino que lo estemos pagando, por ejemplo, a 14 pesos, por ese acreditamiento que nos está permitiendo la ley por ser formal, beneficio que no tendría un informal”, explica.

“De todo el autotransporte,solo el 40% está aprovechando el estímulo del IEPS, por desconocimiento de que existe o porque no lo saben aplicar”: CANACAR.

El segundo estímulo es el peaje de carretera, que da la oportunidad a los transportistas de hacer un menor pago de derecho de hasta 50 por ciento, de acuerdo con la CANACAR. Para este año fueron asignados 5,400 millones de pesos para el sector.

Tanto el estímulo del diesel como el carretero no son deducciones contra el impuesto que se causa, por lo que podría generarse un mayor beneficio distribuyendo, por ejemplo, mayores utilidades a los operadores que participan de esta prestación, indica Mario Ríos, socio líder de Impuestos Corporativos de la Unidad de Negocios Occidente de la consultora KPMG.

Otra facilidad es la deducción inmediata de adquisición de equipo nuevo. Se trata de una disposición temporal que busca renovar el parque vehicular, misma que fue ampliada hasta 2018, aunque solo está dirigida a empresas que tienen ingresos menores a 100 millones de pesos.

En el caso de las inversiones, por ejemplo la adquisición de tractos, se pueden deducir este año a una tasa de 93 por ciento. Para 2018, será de 85 por ciento. Aquí conviene hacer un juego de números, advierte Ríos.

Por ejemplo, si el transportista −ya sea individual o a través de un coordinado, o es persona física o moral− compra un vehículo de un millón de pesos, en lugar de deducirlo a razón del 25%, que serían 250,000 pesos en el año, puede deducir el 93 por ciento.

“Nada más que si el transportista no logra identificar cuál es su necesidad fiscal con relación a un presupuesto, hacer un estimado de lo que será el ISR del ejercicio, efectuar un análisis de su situación fiscal por año, y esa deducción del 93% la incorpora como tal, probablemente pueda disminuir de forma sensible su utilidad fiscal y ello lo lleve a pagar un ISR menor”, explica el experto de KPMG.

“Pero al ubicarlo en esa situación, intervienen en sentido adverso los otros estímulos, como puede ser el del diesel y el carretero, pues ambos van en sentido opuesto: lo que te pide es que tengas un ISR más alto para que puedas aplicar ambos estímulos y si con la deducción inmediata es posible bajar tu utilidad y pagar menos impuestos, entonces vas a aplicar un menor beneficio del IEPS del diesel adquirido y del pago de casetas. Estos últimos, si no los logras aplicar en el año en que los pagaste, los terminas perdiendo”.

La fórmula para entender los beneficios

De acuerdo con Mario Ríos, los autotransportistas cuentan con esquemas y soluciones, pero les hace falta conocer mejor su situación fiscal. Es decir, saber cuál podría ser su utilidad fiscal en el año en que están operando para poder determinar si aprovecharán al 100% los estímulos disponibles.

“Conocer su entorno completo: cuántos son los ingresos presupuestados para el ejercicio en curso, y en función de eso, cuáles son sus proyectos en el tema de adquisición de flota, cuánto es lo que paga anualmente de sueldos a los operadores, cuáles son sus gastos fijos mínimos en los que incurre de manera normal, y tratar de determinar de forma anticipada al inicio de cada ejercicio una planeación fiscal adecuada”, advierte.

“Esto nos da un parámetro y visión extraordinaria para tomar decisiones correctas. Si es conveniente aplicar la deducción inmediata o no, porque me puedo quedar con la decisión de aplicar el 25% que marca la ley y sumar el estímulo carretero y el diesel.”

Sin perder de vista que el transportista tiene un régimen fiscal especial que es a flujo de efectivo, el especialista advierte que es posible realizar una planeación adecuada con una combinación de los tres estímulos: IEPS sobre el diesel, sobre el peaje y deducción inmediata de equipo nuevo.

Las estrategias

Hoy el transportista está siendo fiscalizado en línea a través de los comprobantes, emite constancias de retención por lo que le paga a sus operadores, recibe CFDI por todos los consumos o insumos que requiere en la adquisición de combustible, en la compra de llantas o refacciones, en la renta o compra de vehículos; tiene que utilizar buzón tributario y contabilidad electrónica. Todo eso hace que deba entender que hay que emigrar a una conciencia fiscal, advierte Ríos.

Por ello, sugiere al sector la implementación de controles, mejores prácticas −no importa si es persona física o moral−, manejo adecuado de todas las disposiciones fiscales y los propios estímulos, así como el uso de tecnología para soportar la carga fiscal y administrativa.

Por su lado, el fundador de la consultora Bettinger Asesores expresa que para el sector lo que hoy existe en cuanto a estímulos es correcto, incluso porque se tiene la oportunidad de estar en un régimen fiscal favorecido, en el que pueden participar empresas de autotransporte −independientemente del ingreso que tengan− y las personas físicas, y no está limitado a que tengan una unidad o dos.

“La gran diferencia entre los estímulos fiscales es que algunos tienen ciertos límites que impiden ser aprovechados en su totalidad”: Mario Ríos, socio de KPMG.

Este régimen, que nació en 2014 bajo el nombre de coordinados, es un esquema preferente de modelo de flujo que consiste en que quien preste el servicio no tribute en tanto su cliente no le pague. En 2016, se abrió la oportunidad de que todos los transportistas entraran en este modelo. Hoy en día, si hay un transportista individual que no está utilizando el régimen de flujo, debe contar con razones muy fuertes como para no aprovechar la ventaja que representa, afirma Ríos.

Recuerde, las empresas que se manejan dentro del sector formal acceden a soluciones fiscales que favorecen su operación, pero también alcanzan una mayor optimización de sus procesos y se mantienen en el camino de la alta competitividad.

TyT