Trabajo, actitud positiva para enfrentar las adversidades y la capacidad de hacer realidad cada uno de los objetivos que traza en su mente, son algunas de las claves que han forjado más de tres décadas de trayectoria de Gabriel García en el autotransporte.

Daniela Rodríguez Pelayo

Gabriel García tiene el hábito de meditar al menos media hora en las mañanas, se declara fanático del    tenis, deporte que practica tres veces por semana, gusta del golf y es fiel seguidor de Joe Dispenza,  Deepak Chopra de todos aquellos autores dedicados a potencializar el poder de la mente.

A los 18 años de edad, gracias al libro de Juan Salvador Gavio­ta que en aquel entonces llegó a sus manos, Gabriel García hizo suya la filosofía del personaje principal de la historia: un ave que a diferencia de sus compañeras, tenía la meta de vo­lar, ser libre y hacer acrobacias en el aire. De ella aprendió que: “no hay límites, los límites están en la mente”.

Emulando la idea de aquella gaviota, el actual Presidente del Consejo de Gabriel Equipos de Transporte abandonó el hogar de sus padres y comenzó a labrar su propio destino. Graduado de la licenciatura en Administración de Empresas, siempre se vio influenciado por el trabajo de su papá, quien dedicó su vida a la comercia­lización de camiones, autobuses y equipo aliado; así que el tema de los vehículos pesados siempre fue cercano a Gabriel García. De hecho, recuerda que de niño nunca faltó una grúa o tracto entre los regalos que recibía de los Reyes Magos.

Motivado por su pasión por el autotransporte, incursionó en la comercialización de filtros que permitían alargar los periodos de cambios de aceite. Ante la acep­tación de este producto, no tardó en independizarse y, junto con su hermano, creó la empresa Relec, en donde conti­nuaron con el éxito de los componentes de vida extendida.

A pesar de los buenos resultados que alcanzaron en la década de los 80, el producto quedó obsoleto tras el cambio en la tecnología de moto­res, por lo que fue necesario explorar otros que resultaran de interés para el mercado. Gabriel García creyó encontrar esta alternativa de innovación en un medidor del paso de combustible, el cual le permitió retomar el buen rumbo de la empresa. No obstante, esto sucedió por poco tiempo, pues era un com­po­nen­­te fácil de boicotear por los ope­ra­­­do­res, así que los clientes que lo ad­quirieron solicitaron el reembolso de su dinero y perdieron credibilidad en la eficiencia de este producto.

Para sumarse a esta mala racha, el entrevistado perdió el capital que había invertido en la Bolsa a lo largo de 10 años. De esta forma, enfrentó su primer gran tropiezo, el cual le enseñó que con una actitud positiva, la certeza de que las cosas que quieres se pueden conseguir y mediante largas jornadas de trabajo, es posible alcanzar las metas que te propones.

Incluso en los momentos más adversos, estaba convencido del poder de la mente, por eso a diario se repetía una y otra vez los objetivos que anotaba en papel.

Su siguiente peldaño profesional fue su in­cursión en Grupo Inter­mex, empresa dedicada a la fabricación y reparación de tanques, en donde incluso en­cabezó la crea­ción de una nueva línea de producto. No obstante, su inquietud por continuar su desarrollo lo llevó hasta las instalaciones de Indus­trias González (IGSA), fabricante de remolques, donde gracias a su labor de ventas a lo largo del país, logró incrementar la producción de la planta del 40 al 100 por ciento.

La historia del entrevistado volvió a dar un giro con su llegada a Dinter, distribuidor de Mercedes-Benz y Freightliner, donde se desempeñó como gerente general y sus dotes de vendedor y empresario lo llevaron a convertirse en el cam­peón de ventas del FLD 120, aquel que a inicio de los 90 se conso­lidaba como el modelo de Freightliner con mayor demanda.

Deseo cumplido

En 1986, Gabriel fue testigo del Inter­national Trucking Show en Ana­heim, California, en donde tuvo la oportunidad de conocer a uno de los hermanos Bennett, propietario de Utility Trailer Manufacturing, marca de re­molques por la que siempre se sintió atraído por su calidad, y a la que no dudó en incluir en la lista de objetivos que a diario repasaba en su mente.

Así, le expresó a Bennett su deseo de convertirse en distri­buidor de la marca en México, pues sabía que poco a poco comenzaba a pre­pararse el terreno para el libre intercambio de mercancías. Por lo que le pidió al empresario nor­te­ame­ricano que lo con­si­de­rara para hacerse res­ponsable de su mar­ca una vez abiertas las fronteras al comercio.

“Optimista vicioso”, co­­mo él mismo se confie­sa, siempre tuvo su mente en ese objetivo, así que cada seis me­ses −mediante una carta− le reiteraba a los Bennett su interés por convertirse en distribuidor de sus productos. Final­men­te, en 1993 se concretó el Tratado de Libre Co­mercio y el propósito de Gabriel García se vio cristalizado.

Recibió una carta de intención por parte de Utility, en la que le solicitaban capital de inversión, constituir una empresa en México y una línea de crédito. Para entonces seguía trabajando en Dinter, así que cons­ciente de que necesitaba enfocar sus esfuerzos en cumplir con las peticiones de la empresa de re­molques, ignoró las voces que lo tachaban de loco, re­nunció a su trabajo, hipotecó su casa y co­menzó su travesía hacia esta nueva meta.

“Cuando te conven­ces de que vas a lograr algo, lo logras, así ha si­do toda mi vida”, precisó. Y así fue, justo en la etapa en la que se preparaba para cumplir los requerimientos de los hermanos Bennett y a unos meses de haber salido de Din­ter, el al­calde de Huix­quilu­can –con quien previamente libró una batalla mientras se oponía a la construcción de un puente vehicular a unos metros de su casa–, fue el vínculo para completar el capital que necesitaba gracias a un pedido de más de 150 ca­mio­nes para el municipio mexi­quense.

Aún sin tener muy claro lo que haría para conseguir las unidades solicitadas por el alcalde, Gabriel García aceptó, presentó la cotización con base en los precios de lista que conocía, se acercó a los carroceros para gestionar la producción del equipo aliado que requería y acu­dió a dos concesionarios para surtir su pedido, el cual entregó en la fecha indicada por el municipio y pudo así completar la inversión solici­tada por la empresa estadounidense.

De esta forma, en mar­zo de 1994 Utility Trailers de México arrancó sus operaciones. “Fue un milagro, las circunstancias se acomodaron y las supe aprovechar”, dijo. Con el paso de los meses la empresa co­men­zó a consolidarse, incluso resistió el em­bate de las devaluaciones, pues los clientes, temiendo un panorama aún más adverso, siguie­ron comprando remolques.

La solidez de la empresa se exten­dió por más de cinco años, hasta que en 2001 el atentado contra las Torres Gemelas derrumbó también la buena racha, situación que se agudizó con la necesidad de liquidar una línea de crédito por los ajustes bancarios de aquella época.

Gabriel García no se dejó vencer y, como pudo, colocó sus remolques entre sus clientes con capacidad de invertir. Con dificultad logró pagar lo adeudado al banco y retomar el camino hacia el crecimiento. “No quebré, pero volví a empezar de cero”, relató.

Tras la tempestad, Utility Trailers de México continuó con su buen rumbo gracias a las lecciones aprendidas a partir de las dificultades. “Las demás crisis me hicieron los mandados”, comentó.

Otra meta conquistada

Acostumbrado a meditar al menos media hora en las mañanas, Gabriel García pone en su cabeza los objetivos que quiere alcanzar y, aunque parezcan lejanos, convence a su mente de que son posibles hasta que los convierte en realidad. Así comenzó a tomar forma la idea de convertirse en distribuidor de una marca de camiones.

Tras su labor en la concesionaria de Freightliner, el empresario creó importantes lazos con la marca y más de una vez deseó convertirse en distribuidor de sus unidades; no obstante, las condiciones nunca se dieron.

Más adelante, este anhelo finalmente se cristalizó mediante la invitación del entonces Director General de Volvo Group Trucks México, Matt Walsh, quien supo reconocer en Gabriel García lide­razgo, visión, experiencia y pasión por los camiones.

Luego de analizar la propuesta del estadounidense y fijar sus propias condiciones, el empresario adquirió seis concesionarias Volvo en: Mon­terrey, Puebla, Veracruz, Córdoba, Villa­her­mo­sa y Tuxtla Gutiérrez; con las que conformo la empresa Highway Trucks.

Los primeros meses al mando de sus distribuidoras no fueron fáciles, pues tuvo que enfrentar la rees­truc­tura de la compañía sueca en México por la llegada de Marco Ortega, resolver las inconsistencias en cada plaza, poner orden, corregir lo que no funcionaba y ha­cerse del inventario ade­cuado pa­ra el manteni­miento de las unidades.

No obstante, el em­pre­sario se declara ena­morado de la marca, convencido de que tie­ne en sus manos el mejor producto del mercado, dirigido a los transportistas que valoran la calidad de la unidad, el confort, la se­guridad y que privilegian el rendi­miento de combustible.

Si bien reconoce que el camino para alcanzar la consolidación de Highway Trucks todavía tomará tiempo, confía en que en 2020 logrará hacer de ella una empresa rentable y sólida, que estará comercializando alrededor de 3,500 unidades de las marcas Volvo, Mack y Masa.

La voz de la experiencia

El empresario quiso compartir con las nuevas generaciones algunas de las claves que le han permitido superar las adversidades y lo han llevado a construir una trayectoria sólida y exitosa. Sin empacho comentó: “Hay que trabajar durísimo, ser ho­nesto y no ordeñar a las empresas”.

Señaló que es cierto que el fin de toda compañía es generar riqueza, pero sin retirar más del 20% de los dividendos, de forma que el 80% restante se utilice para el crecimiento y consolidación de la situación financiera de la empresa, lo que permitirá hacer frente a las circunstancias adversas o a inversiones que no generen un beneficio a corto plazo. “No te gastes todo lo que acabas de ganar, vive, pero recuerda que la que debe ser rica es la empresa, no el empresario”, enfatizó.

Lo que México necesita

En su carácter de socio de la Confede­ración Pa­tronal de la República Mexicana (COPARMEX), Gabriel Gar­cía señaló que una de las acciones prio­ritarias para fortalecer el mercado interno es po­ner freno a la entrada de equipo usa­do a México.

Añadió que una vez que inicien las negociaciones con Estados Unidos, México debe pugnar por establecer un candado a la importación de usados, pues si nosotros no exportamos uni­dades en esas condiciones, lo más justo es que cerremos nuestras fronteras para impedir su entrada. La importación de usados, advirtió, causa afectaciones al medio ambiente por el uso de tecnolo­gías obsoletas que emiten una mayor cantidad de conta­minantes; además, al carecer de condiciones físico-mecánicas óptimas, representan un riesgo para los usua­rios de las carreteras.

El entrevistado precisó que, mientras sigan ingresando vehículos obsoletos, los esfuerzos por poner en marcha mecanismos de chatarri­zación que funcionen con eficiencia seguirán siendo insuficientes.

A la lista de afectados, Gabriel García añadió a los compradores de vehículos usados, quienes tienen la creencia de estar realizando una buena inversión. Sin embargo, aun­que en un pri­mer momento la compra de un usado representa menor desembolso que un equipo nuevo, a lo largo de su vida útil genera más gastos de mantenimiento, refacciones y combustible.

Manifestó que en el caso de Utility, enfocarán sus esfuerzos en que las cajas seminuevas que importan de Estados Unidos pronto sean sustitui­das por equipos nuevos.

TyT