Una vida, un legado

Ésta es la historia detrás del hombre con el mayor parque vehicular de Tresguerras, logro que comenzó a tomar forma desde su infancia, cuando encontró en el autotransporte su mayor pasión.

Daniela Rodríguez Pelayo

La Segunda Guerra Mundial trajo consigo la necesidad de que un nutrido gru­po de jóvenes mexicanos emigrara a Estados Uni­dos para hacer frente a las tareas que −por cum­plir con sus obligaciones militares− los hombres norteamericanos dejaron vacantes. Tal fue el caso de Sixto Moreno Rico, quien con 18 años cruzó la frontera para realizar trabajos de carpintero, laborar en el campo y desempeñarse como ayu­dante en general.

Años más tarde, aquel joven volvió a México, donde aún sin muchos recursos, entró a trabajar en la tienda de abarrotes “La Balanza”, para tiempo después, incursionar en el sector que habría de marcar su vida y la de las generaciones que lo sucedieron.

Su andanza en la industria del autotransporte comenzó en Tresguerras, empresa que lo empleó como cargador, ayudante y ope­rador. Con mucho sacrificio, Sixto Moreno logró hacerse de su primer camión usado, a fin de trabajarlo e irlo pagando poco a poco. No obs­tante, la historia dio un giro y tras una falla eléctrica, la unidad −con todo y su carga de chiles− terminó en el fondo de un arroyo en Aguascalientes.

Infancia a bordo de los camiones

Con base en su empeño, Sixto no tardó en convertirse en socio de Tresguerras y hacer −más con el ejemplo que con la imposición− que desde muy corta edad, sus hijos también vivieran inmersos en la industria del autotransporte.

El inicio de la década de los cincuenta trajo consigo el nacimiento de Fernando Moreno Ascencio, socio que actualmente cuenta con la flota más grande de Tresguerras, hazaña que de acuerdo con su testimonio, ha conseguido gracias a las máximas hereda­das de su padre: trabajo y honradez.

Historias como las relatadas anteriormente, forman parte de la memoria de Fernando Moreno y tal como lo compartió en entrevista para TyT, han sido determinantes para dedicar su vida al transporte. Refirió que desde muy pequeño, disfrutaba tomar carretera con su padre a bordo de sus vehículos de carga: “En vacaciones me iba con mi papá; aún recuerdo que me acostaba en el piso del camión encima de unos cartones, y usaba el acelerador como almohada”, comentó.

El entrevistado añadió que llegaba a pasar hasta tres semanas fuera de casa cuando realizaban viajes a Ciudad Juárez. También evocó lo apasionante que resultaba pasar el tiempo en el taller, aprender sobre la ope­ra­ción de los camiones, hacer los pagos y entender las cuestio­nes administrativas.

De las leyes a los motores

“Yo soy abogado de profesión, recibido y ti­tulado”, refirió Fernando Moreno, quien no obs­tante su preparación académica, explicó de forma contundente el porqué ha vivido dedicado a los camiones: “El transporte se me metió en las venas”.

Una vez decidido a encaminar sus pasos hacia el autotransporte, Moreno Ascencio recordó que una de las primeras oportunidades que tuvo para demostrar su vocación por los vehículos de carga fue cuando, en compañía de su padre y su hermano Eduardo, se dieron a la tarea de armar un camión prácticamente de cero.

Con orgullo comentó que con la estructura de un vehículo quemado que compraron, comenzaron a armar la unidad. Explicó que se tra­taba de un Kenworth 1980, al que le pusieron faros cuadrados, elementos modernos, lo pintaron y se hicieron cargo de toda la parte mecánica. Precisó que para cuando termina­ron, su creación te­nía la apariencia de un ca­mión modelo 1985.

Ésta fue la única oca­sión en la que mantuvo una sociedad, pues siempre ha tenido en cuenta una de las frases que le enseñó su papá: “Las medias, ni en las piernas son buenas”. Así que, a pesar de que sus hermanos también forman parte de Tresguerras, cada uno maneja sus asuntos de forma independiente. Eso sí, siempre con respeto y viendo por el beneficio de todos, lo que los ha mantenido libres de conflictos.

Fernando Moreno relató que para 1990, su padre dejó conformada una flota de ocho camiones, que si bien no eran nuevos, fueron parte fundamental de la grandeza que hoy ostenta Tresguerras, lo que para el entrevistado representa el mejor ejemplo de que todos podemos conseguir lo que nos proponemos.

“Nadie está obligado a lograr lo imposible, pero lo posible sí”, apuntó. Así que tomando esta idea como base, a pesar de las crisis y adversidades, el empresario transportista comenzó a incrementar su parque vehicular echan­do mano de todos sus recursos.

“En la crisis del 95 perdí un reloj y mi coche, pero ninguno de mis camiones. Eso sí, muchas veces tuve que utilizar los famosos gallos para renovar mis llantas. Son épocas que enseñan mucho, incluso de lo malo hay que sacar lo bueno”, aconsejó el empresario.

Una guerra por la que sí vale la pena luchar

Desde 1982 Fernando Moreno es socio de Tresguerras, historia que empezó a escribirse con dos camio­nes, que a la fecha, suman casi 200. Expli­có que el ca­mino no ha sido sencillo, pero siempre estuvo consciente de que así sería, pues su padre le dejó muy cla­ro que ha­cerse de un patrimonio no era labor fácil. Así es que toda su vida ha apostado por el trabajo y la dedicación, con el objetivo de contribuir al desa­rrollo del país a través de la creación de oportunidades de empleo, con las que sus colaboradores se sientan felices y realizados: “La empresa siempre nos ha dado oportunidades, y muchos socios hemos crecido a la par de ella”, apuntó.

Aseguró que gracias a Tresguerras, estas metas han sido cumplidas sa­tisfactoriamente, pues a través de la compañía reciben los viajes que necesitan para mover sus ca­miones y cuentan con la infraestructura pertinente: terrenos, bo­degas y patios, así co­mo con la operación administrativa, lo que le permite concentrarse en la gestión de su flota.

Añadió que desde su punto de vista, la grandeza de Tresguerras radica en el talento y trabajo de sus colaboradores, en todos y cada uno de sus 43 socios y principalmente en la lealtad de sus clientes.

El entrevistado reconoció que entre las mejores decisiones que ha tomado en los últimos años, destaca la de mantener camiones nuevos, lección aprendida en 1997, cuando pensó que comprar usados le permitiría crecer más rápido.

No obstante, señaló que con los años se ha dado cuenta de las ventajas de contar con vehículos nuevos, pues si bien es cierto que re­quieren una mayor inversión inicial, le permiten tener una flota de vanguardia, reducir costos de mante­nimiento, evitar tiempos muertos, reportar mayores beneficios fiscales y, lo más importante, cumplir con uno de sus principales objetivos: ofrecer a sus conductores una herramienta de trabajo digna, que los haga sentirse seguros, cómodos y por qué no, orgu­llo­sos del camión que tripulan. “Procuro tener los mejores camiones para comodidad y seguridad de mis operadores”, declaró.

Fernando Moreno comentó que de cara al futuro le gustaría seguir viendo crecer a Tresguerras, consolidarse como la empresa más importante del país y con mayor proyección internacional, con colaboradores orgullosos y satisfechos de formar parte de ella.

Declaró que entre las lecciones más importantes que ha aprendido, está la de cimentar todas sus acciones en el trabajo y la honradez; esta última, entendida no únicamente como no robar, sino cumplir con la palabra dada y hacer las cosas a las que te comprometes. Al respecto, añadió que la responsabilidad que él ha adquirido es la de crecer para darle oportunidad de la­borar a más gente, “Compromiso que yo me eché voluntariamente y al que tengo que responder”, concluyó.

TyT