Hasta el full… con la incertidumbre

La llegada a la presidencia de los Estados Unidos de un empresario sui generis como lo es Donald Trump, traerá consigo una reconfiguración de la relación bilateral. La pregunta que todos nos hacemos es: ¿qué tan radical será?

Las respuestas son muchas y muy variadas, y dependen de intereses políticos y sociales, pero también económicos. Y es justo en este último punto donde consideramos que México es más un aliado que un enemigo de la nueva estrategia de gobierno de nuestro vecino del norte. La razón es simple: la planta productiva nacional ha logrado una calidad comparable −e incluso superior− a la de lo fabricado en el primer mundo.

El mejor ejemplo son las plantas de ensamble de vehículos pesados que hoy son acreedoras −sin excepción− a premios de eficiencia, productividad, innovación y, por supuesto, calidad. Todas ellas son evaluadas por sus corporativos contra otras fábricas en distintos países como Estados Unidos, Alemania y Brasil, por citar algunos.

A lo anterior podemos atribuirle que hoy en día, más de 120,000 vehículos pesados que se comercializan anualmente en Estados Unidos son ensamblados en nuestro país. La lógica económica es contundente: excelente mano de obra y menor costo, que se traduce tanto en precios más compe­titivos para el consumidor como en mayor rentabilidad para el fabricante, es decir, todos ganamos. Así que los argumentos están bien cimentados para hacer frente a los cuestionamientos del presidente electo de los Estados Unidos, y más si se jacta de ser un hombre de negocios de élite.

Mejor deberíamos resolver todos los problemas que aquejan a nuestro país, los cuales sí están directamente bajo nuestro control. La legalidad y el combate a la corrupción son los temas que más deben ocuparnos hoy en día.

Por ejemplo, mucho se habla hoy del doble semirremolque o full, que se ha satanizado a tal grado, que hay voces que solicitan su eliminación sin considerar que esto va en contra de la eficiencia y productividad del sector. La clave está en entender que no es una u otra configuración la causante de accidentes, sino un conjunto de factores que pueden derivar en un incidente vial, y es en todo esto en lo que se debe trabajar integralmente. Asimismo, diversas opiniones señalan la falta de cumplimiento y supervisión de leyes y normas como la principal causa de accidentes.

Otro factor clave es la infraestructura, ya que existe un buen número de carreteras en pésimas condiciones. Sin ir muy lejos, en ambos sentidos, el tramo Querétaro-San Luis Potosí −una de las vías de comunicación más importantes del país− parece zona de guerra en varios puntos. Basta ir detrás de un tractocamión con una o dos articulaciones para ver la cantidad de maniobras que deben hacer los operadores para no caer en alguno de los hoyos. Si esto sucede, se gastan y afectan mecánicamente llantas, suspensión y de hecho, todo el tren motriz y el chasis, lo que li­teralmente requiere invadir el carril contiguo o la zona de acotamiento, con los riesgos que esto conlleva.

Atendamos nuestra realidad; el tiempo apremia. Promovamos nuestro mercado interno; es ahí donde tenemos una gran oportunidad para paliar los efectos adversos del entorno internacional. En esto coincide Miguel Elizalde, Presidente de la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones A.C. (ANPACT). Equipo Editorial