En las últimas tres décadas, la superficie de las ciudades mexicanas creció hasta 10 veces su tamaño, dejando de abarcar sus territorios tradicionales para empezar a devorar por extensión cualquier zona, sin respetar fronteras. Hoy los ciudadanos se desplazan todos los días entre municipios y estados, padeciendo un problema en particular: el transporte público.

Alejandro Medina González

Entre 2005 y 2009, Javier, un joven de entonces 22 años de edad, tuvo una rutina muy peculiar. Su reloj despertador sonaba en punto de las 04:30 de la mañana; él se daba un baño, se vestía y justo una hora después, estaba listo para iniciar su travesía.

Y es que su hogar, ubicado en el municipio de Texcoco, Estado de México, quedaba a poco más de 40 kilómetros de distancia de su casa de estudios: la Universidad Autó­no­ma Metropolitana (UAM) Unidad Xochimilco, al sur de la Ciu­dad de México (CDMX).

Su hora exacta de entrada era a las ocho de la mañana, por lo que salía prácticamente corriendo de casa para tomar un autobús, en el que permanecía alrededor de una hora; posteriormente abordaba el Me­tro, en el cual hacía un recorrido de al menos una hora más, y finalmente, otro autobús que, tras 20 minutos, lo dejaba a las puertas de la escuela.

Así fue como pasó los cuatro años que duró su etapa universitaria, y al terminar… ¡nada cambió! Básica­mente porque el empleo que encontró, lo llevó a aventurarse en un largo y tortuoso viaje para llegar hasta la zona de Polanco.

La situación es compleja y se complica aún más porque este tipo de recorridos no únicamente los hace él, sino una innumerable cantidad de gente que vive una situación semejante a la suya y que se traslada diariamente de la misma manera.

Más específicamente, de acuerdo con datos del Diagnóstico de la Movilidad de la Ciudad de México, esta clase de viajes interestatales se realiza hasta 4.2 millones de veces por día, con personas que, al igual que Javier, tienen la necesidad de recorrer decenas de kilómetros para poder estudiar, trabajar o, simplemente, acceder a servicios básicos.

Ciudades sin límites

Ante esta situación la interrogante es ineludible: ¿Cómo fue que se gestó este problema que hoy no solo padece el centro del país sino prácticamente todo nuestro territorio?

Según explica el estudio “Estado Actual de la Vivienda en México”, elaborado por la Socie­dad Hipo­tecaria Federal (SHF), en las últimas tres décadas la población urbana en el país prácticamente se duplicó, provocando que la superficie de las ciudades rom­piera sus límites y multiplicara hasta 10 veces su tamaño.

Esto se convirtió en un serio problema, debido a que la concentración de las actividades económicas no tuvo una expansión similar a la de la mancha urbana, quedándose la mayoría de ellas en el centro de las ciudades.

Fue de esta manera como na­cieron las hoy llamadas megalópolis y metrópolis, las cuales están conformadas por territorios que abarcan mucho más que las típicas urbes, componiéndose −dependiendo del caso− por decenas de municipios de distintos estados.

Ejemplo de esto es precisamente la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), cuyo territorio hoy abarca a la Ciudad de México, además de 60 municipios del Estado de México e Hidalgo; o la Zona Metropolitana de Guadala­jara (ZMG), que comprende nueve municipios de Jalisco. Además de estas dos, otras 14 regiones del país son consideradas por la SHF bajo esta denominación.

Este crecimiento urbano desorbitado llevó a las personas que habitan en las periferias, a batallar para poder desplazarse, padeciendo las deficiencias del sistema de transporte público.

Entre peseras, camiones y más

Y es que a pesar de que la capa­cidad de movilidad es considerada un derecho humano por orga­nismos como la Comisión Nacio­nal de Derechos Humanos (CNDH), el servicio de transporte que toman las personas para recorrer largas distancias es considerado por ellas como “pésimo”.

Así lo advierten los usuarios, quienes de acuerdo con una encuesta realizada por Para­metría, tienen una opinión negativa del servicio, principalmente del que ofrecen vehículos como microbuses (75%) y combis (63%), los cuales son esenciales para su transportación.

Pero éste no es únicamente su punto de vista, ya que la situación también fue puesta en evidencia por la Organización de las Nacio­nes Unidas (ONU), que aseguró que el transporte en la ZMVM es “viejo, inseguro y escaso”.

¿Cómo acabar entonces con este tipo de problemáticas cuando ya están sobre la mesa? De acuerdo con Adriana Lobo, Directora Ejecutiva de la oficina mexicana del World Resources Institute (WRI), con una medida particular que, de instrumentarse correctamente, podría cambiar drásticamente las cosas.

Movilidad que cruza fronteras

Hablamos de la creación de sistemas de transporte público metropolitanos “eficientes, seguros y ca­pa­ces de recorrer distancias que va­yan más allá de los límites de las ciudades tradicionales”, señala Lobo.

Esta solución es apoyada por Vicente de Paula Loureiro, Director Ejecutivo del Grupo de Gestión Metropolitana de Río de Janeiro, en Brasil, quien sostiene que los proyectos metropolitanos permiten a los gobiernos atacar el problema del crecimiento de la mancha urba­na, que no es exclusivo de México.

El país verde amarela es ejem­plo de ello, con zonas como la que hoy lidera este político brasileño, la cual cuenta en su interior con 19 municipios por los que transita todos los días un promedio de 11.8 millones de habitantes.

“Ahora es obligatorio desarrollar proyectos metropolitanos porque las ciudades ya no están conte­nidas únicamente en un solo territorio, sino que han sufrido un proceso de expansión que acabó con los límites que tenían, y por ende, con los alcances de los gobiernos”, explica en entrevista para TyT.

Brasil entendió muy bien esta situación, por lo que emprendió desde la década de los 70 un proceso para crear administraciones y consejos capaces de to­mar decisiones para todas aque­llas localidades que estuvieran al interior de las manchas urbanas.

De esta manera, se han logrado iniciar proyectos de transporte capaces de cruzar de punta a punta las regiones metropolitanas completas, con el único propósito de brindar bienestar a los habitantes. “Su proceso de consolidación ha sido largo; sin embargo, se está trabajando por buen camino”, explica Loureiro.

Negociar la movilidad

Pero mientras en Brasil se establecen acuerdos para afron­tar el problema de la expansión sin control de las zonas urbanas, en México la situación es mucho más compleja, debido a que son muy escasos los avances que se han tenido en este renglón.

Esto se debe a que el transporte en sitios como la ZMVM, por poner un ejemplo, sigue contemplando los límites territoriales que para las personas ya dejaron de existir. Ni siquiera proyectos considerados de gran calado, como el Metrobús de la CDMX o el Mexibús del Edomex, han logrado superar sus fronteras con el objetivo de satisfacer la demanda de movilidad.

¿Cuál es la razón entonces de que no tengamos sistemas capaces de trasladar a las personas que diariamente se desplazan más allá de los límites tradicionales? Una sola, explica Loureiro: la falta de voluntad política por parte de los gobernantes de las entidades incluidas en las metrópolis y megalópolis.

Y es que, desde su perspectiva, los líderes de estas zonas no están teniendo la capacidad de ver que su población ya no depende únicamente de las acciones que ellos em­prendan al interior de sus estados, sino que requieren que se sienten a negociar y establezcan acuerdos de cooperación con sus vecinos.

Víctimas de la política

Pero conseguir que se genere este acercamiento no es nada sencillo. Toda vez que, asegura Adria­na Lobo, existe muy poca voluntad política en México para negociar estos temas, que hoy resultan cruciales para poder dar mayor calidad de vida a las personas.

Y es que la realidad de las co­sas, argumenta Loureiro, es que los go­bernantes suelen creer que dejar que sus pares influyan de algún modo en sus decisiones, puede llevarles a perder el control que man­tie­nen sobre sus territorios. Sin embargo, esta forma de pensar debe terminarse y de este modo, explica, evitar que las personas sigan sufriendo al recorrer todos los días decenas de kilómetros, cuando existen opcio­nes de transporte que aplicándose co­rrectamente, pueden trasladarlos de forma más efectiva y cómoda.

“La falta de sistemas metropolitanos de transporte es ante todo un problema político, de la nece­sidad de comprender que la forma en que se mueve la gente precisa una transformación que supere las fronteras tradicionales y el temor de los políticos a perder poder”, sentencia.

Conseguirlo no será algo que se pueda ver de la noche a la mañana, sino que requerirá tiempo y muchas negociaciones. Sin embargo, si establecen esta cla­se de proyectos correctamente y con voluntad de transformar las cosas, la población realmente lo agradecerá, concluye.

TyT